Hermosa ubicación, mucha naturaleza y sin embargo no "en el fin del mundo". La panadería está a sólo un pueblo de distancia y proporciona el comienzo perfecto para el día. ¿El anfitrión? Tan amable que casi te olvidas de que estás de visita, es como estar con buenos amigos.
En resumen: 100% recomendable, y volveré sin duda... ¡a más tardar cuando me entren ganas de aire de campo y panecillos recién horneados!