El anfitrión fue muy amable, pero la comunicación fue un poco confusa y, cuando nos quedamos atascados en su prado (a pesar de la fuerte lluvia, no nos desaconsejó aparcar allí), tuvimos que buscar por nuestra cuenta a un granjero del vecindario para que nos sacara. A pesar de todo, la naturaleza de los alrededores es preciosa. El terreno es muy inclinado, por lo que es imprescindible llevar cuñas.